“Yo no quiero ser una estrella de rock, yo quiero ser una leyenda”, dijo alguna vez Freddie Mercury, cuando, por ese entonces, no sabía todavía que estaba destinado a ser una leyenda del rock y solo era en ese entonces Farrokh Bulsara. Así lo hizo.

Texto: Luis Pequeño Ramirez

Freddie MercuryFarrokh Bulsara, exótico nombre, como exótica también era la procedencia del hombre que lo poseía. Y ese hombre era Freddie Mercury, el amante de la vida, el cantador de canciones. Se sabe más de Mercury que de Bulsara. “¿Quién era Farrokh Bulsara realmente?”, se preguntan algunos fanáticos de Queen, que buscan saber que se esconde de Freddie detrás de ese nombre. ¿El seudónimo esconde al hombre o el seudónimo se esconde tras el hombre?

Freddie Mercury. Buena parte del mundo sabe quién es él. Nada más escuchar su nombre, muchos cierran los ojos y evocan aquellos conciertos en los que él parecía apoderarse del mundo. Cuando estaba en su gloria, las luces del escenario se posaban sobre él, lo dominaba todo. A su voz, le seguía un coro de cien mil personas, que extasiados, se movían a su ritmo, cantaban a sus órdenes, como los fieles a su dios.

 

¿Farrokh Mercury o Freddie Bulsara?

Detrás de las leyendas, de los dioses, siempre hay hombre, un mortal que forjó a esa leyenda. Algunas veces esas personas, esos hombres, se pierden en el camino a la cima, hay otros que aparecen y desaparecen, y otros cuya esencia jamás desaparece de la impronta del artista.

Hay ciertas personas que dicen que Freddie Mercury es la evolución de Farrokh Bulsara, que cuando adquirió esa identidad, esa “fuerza” como la llamaba él, dejó de lado todo lo que significaba ser Farrokh. Pero en realidad ambos eran lados opuestos de la misma moneda que se mezclaban hasta ser una sola persona.

El mortal y el dios, el hombre y la leyenda, el inicio y el final, siempre fueron uno y la vez no, cuando Farrokh Bulsara estaba ante el público y las cámaras era Freddie Mercury, un ganador, un showman, un ídolo de masas, y cuando Freddie Mercury estaba en su más profunda intimidad, tenía la libertad de ser sencillamente Farrokh, un amante de los gatos, del buen licor y un hombre con gran sensibilidad.

A pesar de esto, lo que más le importaba a él era ser feliz, disfrutar la vida hasta donde esta llegue y no atarse a nada, porque para Mercury “las etiquetas confunden y le resbalan”, él solo quería ser él mismo y perderse en un mar de alegría y placer.

Dos hombres, una historia

Freddie Mercury nació en Zanzibar… ¡qué va! Freddie nació en Londres, Farrokh es el que nació en África. Farrokh nació del vientre de una mujer hindú, pero Freddie nació de la mente y la versatilidad de un muchachito hindú, un inmigrante de las colonias inglesas que soñaba en principio con ser un diseñador gráfico de renombre.

Cuando Freddie Mercury empezó a hacer sus apariciones públicas, Farrokh se escabulló en las sombras y solo aparecía en la intimidad, cuando daba una fiesta o disfrutaba de veladas familiares con los hijos de Roger Taylor, cuando conversaba largas horas con amigos o disfrutaba de momentos de soledad y tranquilidad en algún lugar desconocido.

Pero cuando la muerte estaba próxima, Farrokh reaparece, su esencia se hace notable en la manera de actuar de Mercury, en su visión del mundo, en lo que reflejaba en sus canciones. Se mezclan ambas identidades cuando ambos están cerca del final, cerca del otro lado.

Innuendo. Una indirecta a la muerte que estaba próxima, y a la que ambos esperaban con paciencia. Es aquí donde los dos, Farrokh y Freddie vuelven a ser uno. Freddie, pero a la vez Farrokh, se despiden en este álbum, hablan del amor que profesan a la gente que siempre estuvo con ellos. Farrokh da a entender la muerte del hombre y el nacimiento de un legado, el nacimiento del mito.

Y al final, ambos murieron juntos, reconciliaron sus vidas, y sencillamente al desaparecer de manera física dejaron que su esencia perdurara eternamente sobre el mundo al que ellos tanto amaron y que tanto los amó. Larga vida a la reina.

 

 

 

Abrir la barra de herramientas