Un colapso arquitectónico, 50 mil personas afectadas, cuatro años. ¿Qué pasa en San Martín de Porres?

Texto: Juan Mandamiento

Fotografía: Juan Mandamiento

Fotografía: Juan Mandamiento

María Gutiérrez se escabulle desde el núcleo de una combi. Baja, corre, suda y esquiva a los transeúntes de la intersección de la avenida Universitaria con la avenida Perú. “¡Son las 7:15 de la mañana!”, dice con desesperación. Aguardan por ella seis cuadras y un puente, mil quinientos metros de recorrido que se convierten en una carrera contra el reloj para no llegar tarde a su centro de trabajo.

Lo más irónico es que se baja para luego tomar la misma línea que dejo a un kilómetro y medio atrás.

Así como ella, cincuenta mil personas intentan cruzar del cono norte al centro de Lima por esta arteria que se ha vuelto tan popular desde el 2013 que colapso el viaducto. Los peatones atraviesan vías sin semáforos, delincuencia caleta, ambulantes intimidantes, motos sin criterio, sonidos de construcción, un rio lleno de basura, etcétera.

“Retrasos suelen ser el apellido paterno de las obras en Lima”, comenta Jorge Dávila, politólogo de la calle, quien comenta que el puente Bella Unión no es una excepción. En 2015, hace 726 días y 23 meses, la obra entro en construcción. Nueve veces ha cambiado de fecha de entrega. Cuatro años sin puente.

Fotografía: Juan Mandamiento

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La alternativa

La distancia de Lima a Chosica es de 43,8 kilómetros traducidos en una hora y treinta minutos de recorrido.

Al otro de la ciudad en el distrito de San Martín de Porres entre las avenidas Perú, Canada, Dueñas y hasta Argentina se fecunda un sofocante tráfico. Noventa minutos para recorrer tres kilómetros y medio: 23 cuadras. “Hoy una hora y media se demora estar aquí”, refunfuña Milton Chávez, conductor de la línea 21, quien golpea el timón y se queja de la ineficiencia de la Municipalidad de Lima.

En esta zona, el sonido ambiental ha sido usurpado por bocinas escandalosas, choques barbaros, peleas entre choferes, conductores, peatones y viceversa. “Es terreno de nadie”, dice Claudio Salazar, vecino del distrito, quien cuenta que toda la semana es la misma faena durante todo el día desde que el puente se desplomó. Manifiesta que la avenida -antes- era tranquila.

Un joven que viaja en un taxi cuenta que “los cobradores son como policías” y que estos bajan de sus unidades con pitos en la boca para dirigir el tráfico y así poder salir más rápido de ese atolladero.

Diez metros más a la derecha un cartel dice “simplemente trabajando” mientras la atmosfera de polvo y moho sigue creciendo metros a la redonda. “Todo se ha convertido en un basural”, comenta Patricia Gálvez, quien señala los montículos de desperdicios mal olientes depositados debajo del By-pass de la obra Línea Amarilla.

Darío Llanos, universitario de 25 años, reflexiona y recuerda que no tardaba más de diez minutos en dejar atrás esas ajetreadas cuadras. Él ha sido víctima de dos asaltos en menos de un mes, una estadística tangible en el lugar. Él se despide mencionando unas palabras que no llegan a destino: un claxon ha ahogado su discurso.

Fotografía: Juan Mandamiento

Fotografía: Juan Mandamiento

Luz al final del camino

Julia Martínez, comerciante afectada por las obras, explica que “al parecer esta pesadilla ya va a terminar”, ya que hay un notable avance de las obras. Se colocan rejas, pintan el pavimento, asfalta la pista, todo parece ir bien, termina diciendo con un optimismo en el rostro. “Ya no queda ‘na’ pues”, dice Luis Timanal, cobrador de peso, quien se emociona al saber que llegara más temprano a ver su hija.

“Caminar por aquí ya se siente diferente”, dice un sereno de la Municipalidad de Lima, quien advierte que no puede decir su nombre por temor. Dice que ya olvido cuánto tiempo ha pasado trabajando en estos territorios y que lamenta mucho las deficiencias de su institución.

La Municipalidad de Lima anunció que este 17 de Julio se reabrirá el puente Bella Unión. ¿Se disipará el tráfico?

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