Linkin Park tiene en su vocalista, la viva representación de la obstinación. ¿Puede una lesión impedirle cantar ante miles de almas?  

Texto: Sharon Neyra

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Fuente: LP_ANA. Devianart

Es hora de empacar y salir rumbo a Las Vegas. Los pantalones a medida, las camisas de todos los tonos posibles, chaquetas de texturas variadas, accesorios, calcetines y aretes ya están dentro de las nutridas maletas. Los discos de Madonna, no pueden faltar. Aquí los detalles lo son todo.

Una vez en ‘La ciudad del pecado’, todo está listo para que la banda domine a los 82,000 asistentes del Rock in Rio USA 2015, uno de los eventos musicales más icónicos sobre la Tierra.

Un hombre delgado, de tez pálida, estatura promedio se encuentra tras el escenario. Con el estilo propio, la chaqueta negra y los tatuajes que le decoran la piel, Chester Bennington, vocalista principal de Linkin Park, empieza a calentar su prodigiosa voz antes de salir en acción.

Los ejercicios vocales no cierran e incluyen una oración deseando que el show salga bien. “Solo sean ustedes mismos”, señala el vocalista de Linkin Park a toda su banda. Aquí Dios también está presente.

Infancia traumática

Criado en una familia disfuncional, vivir en un mundo de fantasías lo salvó. De pequeño, Chester siempre soñaba con ser el quinto miembro de la banda Depeche Mode e irse de gira por todo el mundo.

Pero la pesadilla inició. Con tan solo 8 años sufrió de abuso sexual durante un largo tiempo por un amigo de sus padres. Hoy describe los ataques como “toques indebidos”. A pesar de que esta situación duró hasta que cumplió 13 años, Chester permaneció callado y sigiloso. Tenía miedo de que sus familiares y amigos no creyeran en su palabra y que incluso pensaran que era homosexual.

Su adicción por las drogas empezó con el mismo vértigo con que se inició de la música. A mediados de su adolescencia, sus padres empezaron una lucha por la custodia de él y su hermano, un chico rebelde que prefirió fugar. En medio de esta espiral, decidió componer, dibujar, escribir poesía en forma de música. Sin embargo, también desarrollo un fuerte vínculo con su leal amigo, el narcótico; aquel que se convertiría en su perdición.

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Fuente: http://www.digitaljournal.com

 El inicio

Metalero de profesión, cajero de Burger King de pasatiempo. Así era su vida. En 1993, Chester y el baterista Sean Dowdell crearon el grupo de grunge “Grey Daze”. Mientras estuvo en la banda conoció a Samantha, una fan del grupo. Ambos se enamoraron y se casaron en octubre de 1996.

Pero eran tan pobres que no tenían dinero para comprar los anillos de matrimonio. Un amigo tatuador les regaló los aros. Claro, se los pintó.

Mientras estuvo casado con Samantha, Chester siguió su relación con las drogas. Amaba a su esposa, pero también a los narcóticos.

Su vida dio un giro de 360 cuando nació su primer hijo Draven. Samantha hizo todo para que su amado dejará de consumir estupefacientes y se centrará en el pequeño. Paralelamente, el vínculo del Chester con su banda “Grey Daze” se volvió tenso y terminó abandonándolos.

En medio de esta crisis que atravesaba Chester, Linkin Park ya había nacido, crecido y se acomodaba en la cima del éxito.

En 1999, Chester se sumó a la banda. Lo llamaron por teléfono, lo escucharon y nadie dudó que esa era la voz esperada. Sin embargo, su loco romance con las drogas continuaría. En el 2001, durante una gira, pidió ayuda a un integrante de Linkin Park cuando se dio cuenta de que estaba recayendo nuevamente.

Dejó de consumirlas y se mantuvo sobrio durante un tiempo, pero volvió a beber al final de la gira mundial de Linkin Park en 2004. Chester pidió otra vez ayuda, pero esta vez fue rechazado. En ese momento, su matrimonio con Samantha estaba en crisis y se sentía destrozado. Sin ganas de seguir adelante, un día se desplomó delante de sus compañeros. Desde aquella vez, su relación con la banda mejoró y lo apoyaron en su rehabilitación. Hizo una gran diferencia. “Todos nosotros empezamos a pasar más tiempo juntos porque realmente querían estar cerca mío. Eso es muy importante para mí”, menciona.

El show debe continuar

Chester no es un hombre de acero, pero actúa como tal. En 2007, mientras se encontraba cantando “Papercut” se fracturó el brazo derecho en la mitad del concierto tras caerse de una plataforma. Sin embargo, siguió de pie hasta el final del show.

En octubre del 2015, el cantante se quebró el tobillo. A raíz de la lesión, Chester tuvo que usar distintos elementos para ayudarse como muletas y un taburete en donde apoyó su pierna durante los conciertos.

Tan pronto como las luces se apagan, sabe que es hora de darlo todo. El momento ha llegado. El público empieza a corear “Numb”, “New Divide”, entre otras canciones, y sus voces se vuelven más potentes. A gritos piden a Linkin Park.

Se levanta el telón, los reflectores se encienden y la banda aparece entre ovaciones. ¡A tocar!

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