Miren a los cuatro puntos cardinales, un fucsia y amarillo fosforescente ya cambiaron la estética artística de la Lima tradicional.

Texto: Angel Monteza

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Fotografía: Katia Reyna

Al ver que la división de la avenida Nicolás Ayllón evidencia un pequeño espacio libre de cualquier publicidad, un sujeto toma su pegamento, su afiche, y cruza la pista. Gira a ambos lados esperando no ser descubierto y minutos después unos colores chillantes anuncian un concierto de Agua Clara en el “Lucero” de Santa Anita. El individuo terminó de pegar su último afiche y retorna a su casa.

Al caer la mañana, suena su alarma. Se asea y se alista para salir. Recorre con la combi las mismas calles que vistió de afiches la noche anterior escuchando un tema de Pascualillo Coronado. Llega a un reconocido museo de arte donde se está presentando una exposición de gráfica popular. Ingresa y la confusión lo inunda, no entiende por qué los carteles de la Carretera Central valen tanto dinero.

No se olviden de la vieja escuela

Las primeras versiones de frases como “Tu envidia es mi progreso” eran “Dom 23. Chacalón y la Nueva Crema en Yawar Toro”, donde pioneros como Pedro Rojas, “Monky”, avivaron las calles grises limeñas con sus afiches chicha, término que es aceptado por este pionero.

Anteriormente, Monky podía trabajar únicamente con cinco colores: rosado, negro, amarillo, verde y azul; en el taller de Juan Tenicela, persona que lo adentró a Pedro en esta aventura colorida y uno de los precursores de este arte. La carencia de colores no fue impedimento para que su talento sea limitado, por ello fue el primer artista en hacer banderolas de escenario colocados en los conciertos de música chica y folklórica. El rostro de la Pastorcita Huaracina y de Chacalón exacerbaba al público asistente en estas presentaciones, coreando y levantando su botella de cerveza.

Una vez que Monky se separó por motivos personales del taller de Juan, decidió mudarse al local “Así es mi tierra” ubicado en la avenida México, La Victoria. Pedro Rojas comenzó su propio taller y su popularidad iba en una ola creciente. Reclutó a algunos aficionados a los afiches chicha y preparó su batallón de chacales. Uno de los integrantes de este gran grupo  fue el encargado de enseñarle a Fortunato Uchuranga, padre de Elliot Tupac, el diseño de afiche.

A pesar de verse obligado a dejar de hacer estas banderolas con la aparición de las gigantografías, Monky le dio más relevancia al lettering, el dibujo de las letras, buscando renovarse hasta la actualidad.

Pedro creció y se formó en este ambiente alegre y sordo a prejuicios. Es por ello que dice que “los peruanos son monos” al aceptar los afiches chicha, solo por pisar tierras extranjeras. Sin embargo, admite que gracias a esto se está difundiendo más el arte que un tiempo atrás fue marginado. El nacimiento de los colectivos ha tomado fuerza.

Los colectivos no hacen arte chicha

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Fotografía: Katia Reyna

Colectivos como Rutamare (Kelly y Yefferson) no les molesta que los clasifiquen como cultura chicha, arte chicha; pero para abarcar todo su repertorio artístico utilizan el término “gráfica popular”.

Yeffersón Huamán y Kelly Maryori formaron Rutamare en el 2012 junto a otros tres artistas, que finalmente decidieron emprender sus propios caminos, creando más colectivos como “Brochagorda” y “Carga Máxima”. El fin de este grupo de jóvenes virtuosos del pincel era darle un sentido más moderno a la gráfica popular.

Se pasó de la creación de afiches para únicamente anunciar conciertos a pintar en lienzos, tripley, u otras superficies; frases cotidianas que identifiquen al peruano de a pie. Versos como “Se sufre, pero se goza” o parte de letra de canciones como “Eres bien bonita pero mentirosa” acogieron un mayor público joven. Pero la creatividad de este nuevo legado de artífices no quedó solo en la implementación de frases coloquiales actuales. Rutamare comparte mucho el concepto de lo “chicha” al querer romper con lo convencional, destruir esquemas, y expone en sus gráficos una fusión un tanto delirante al juntar ovnis, cervezas y una oración acorde al tema.

Junto con el modernismo viene la tecnología. Haciendo uso de ésta, los programas de diseño y edición logran darle un matiz diferente, nicho del cual hace uso Yefferson y Kelly. La fusión de colores y degradados es diferente al lettering rotulado.

La variación de un concepto a otro medido por el tiempo no deja de lado lo visible de estas piezas gráficas, sea para anunciar la presentación de un grupo de chicha o la exposición de una muestra de arte contemporánea. La estética chicha es un recurso que está calando más presencia y está siendo muy bien aceptada por unos limeños que empiezan a dejar de lado sus prejuicios.

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