El rock en el Perú tiene historia. Eso es lo que nos recuerda “Desborde Subterráneo”, el plato principal del Museo de Arte Contemporáneo.

Texto:  Ximena Mejía

Fotografía: Ximena Mejía

Fotografía: Ximena Mejía

Un cuadro de Sarita Colonia al estilo Pop Art espera, en la entrada del recinto barranquino, captar la atención de un extranjero que poco o nada sabe del terror que causó Sendero Luminoso. “Hartos de la violencia y la manipulación de los medios de comunicación nace en Lima el rock subterráneo en 1983, jóvenes que con sus letras llenas de indignación levantaban a más de uno para enfrentar el sistema”, así responde Fabiola Bazo, responsable del trabajo de investigación, al preguntarle de dónde nació esta contracultura juvenil.  

Atrapados en el tiempo

El sonido del ventilador queda en segundo plano en el pasillo de las fotografías. Las paredes reciben el desgarrador sonido de cuerdas que protestan. Una despeinada Maria T- TA, pionera del rock feminista en nuestro país, aparece en el estrado, coloca su pierna izquierda en una silla y sobre ella apoya su guitarra, aquella que no paró de tocar luego de convertirse en leyenda en 1987.

Pero, ¿cuál fue el antecedente a esta corriente? Cualquiera diría que el ‘punk’ o el ‘hardcore’ inglés o norteamericano, la verdad es que los ‘subte’ no siguieron a nadie. “Leuzemia por ejemplo, que se forma en 1983, trae un sonido bastante innovador para su época, un sonido crudo, callejero con las que otras bandas empiezan a ser influenciadas”, explica el sociólogo Ernesto Bernilla.

El rock subterráneo, no  se trata solo de las bandas, sino también de los artistas. Murales, con recortes de todo tipo, noticias sobre abuso de autoridad, publicidad chasqui, un Alan García joven y hasta la cabeza del Papa Juan Pablo II dejan notar el fastidio que representaban para la juventud de aquella época. Ilustraciones de Bernardo Barreto, como la caricatura de Mario Vargas Llosa llenan de vida la exposición.

Mientras tanto, en otro pasillo cercano se escucha: “Actúas por conveniencia, defiendes la decadencia, te vendes por dinero, eres más sucio que un perro”, letra de la canción “Sucio policía” de Narcosis.

Fotografía: Ximena Mejía

Fotografía: Ximena Mejía

Su cultura, su forma de vida

Una línea de tiempo de 12 metros nos regresa al pasado con las fechas y los nombres de las bandas que iniciaron esta historia, la misma que terminó con la captura de Abimael Guzmán.  

En los años 80 los ‘fanzines’, una palabra compuesta entre ‘fan’  y ‘magazine’ , eran las publicaciones donde se informaba todo acerca de los próximos conciertos. Algunos se vendían, otros solo pasaban de mano en mano. Las entradas de los conciertos iban entre cinco, 10 o 20 soles más un trago gratis.

Leuzemia, Narcosis, G3 y Eutanasia forman parte de las 200 bandas que demostraron que para hacer música no es necesario tener dinero, solo ganas y ser ellos mismos. Los casetes, fabricados de forma artesanal, siguiendo su ethos “hazlo tú mismo”, tenían el nombre de ‘maquetas’.

Esas piezas que en sus años de gloria se comercializaban en la avenida La Colmena, del Centro de Lima, ahora se encuentran descansando una encima de otra, tras un vidrio. Una maqueta de Kaos, grabada en 1989, registró en imágenes los ensayos previos a uno de sus conciertos. Ahora, 28 años después, se  observa  a Mañuco, Guillermo, Gustavo y Daniel disfrutar de los aplausos de su público en una tablet marca Lenovo.

La leyenda que acompaña la cinta es la siguiente: “Esta grabación se hizo a lo que chucha salga, sin mezclas, ecualizadores y demás cojudeces técnicas de rigor”.

El  corazón de la  exhibición

La música llena el alma rockera de los turistas quienes sorprendidos no pueden creer lo que tienen ante sus ojos.  Una casaca de cuero, pantalones con bordados desgastados y ‘bomber jackets’ llenas de parches cuelgan del techo de la exhibición. Nadie se atreve hacer el esfuerzo por tocarlas. Pero son dignas de una selfie.  

En la esquina del mismo pasillo y tras una vitrina se encuentra el instrumento de Carlos ‘Boui’ Magan, bajista mítico de la banda Voz Propia, quien falleció el año pasado. Su canción “Los días y las sombras” fue uno de los emblemas de la movida nacional.  

Probablemente El Hueco, la Plaza de Acho, el Coliseo Amauta en el distrito de Lima,  La Casa Hardcore, La Casona, o el Colegio Los Reyes Rojos en Barranco, aún tienen las marcas de una generación que, a pesar de la violencia, supo con creatividad y coraje defender sus derechos y no dejarse minimizar ante nadie. Un movimiento, una fuerza. Ese es el rock subterráneo que por esta temporada se desborda incansable dentro de una galería de arte barranquina.

Fotografía: Ximena Mejía

Fotografía: Ximena Mejía

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