Redaccionline hizo un recorrido por el Museo Gráfico Peruano, el cual abre sus puertas de lunes a viernes desde las nueve de la mañana hasta las cinco de la tarde.

Texto: Ximena Mejía

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Fotografía: Ximena Mejía

Jirón Quilca, cuadra cinco, Cercado de Lima. Con estas referencias se llega a un inmueble de dos pisos que contiene 191 años de historia. Este es el hogar de un museo que desde 1999 dedica una exposición al patrimonio gráfico, tipográfico y literario del país. En este mismo lugar se elaboraron los primeros ejemplares del diario más antiguo de Latinoamérica: “El Peruano”.

Plomo, fierro y aceite

Al recorrer sus pasillos, lo primero que sale a recibir al visitante es el familiar rostro de Simón Bolívar, quien fuese el primer director del diario. Lo acompañan los retratos de sus sucesores: Manuel Atanasio Fuentes, José María Barreto, el escritor Abraham Valdelomar, entre otros.

Entre los huéspedes de la sala se encuentran más de nueve máquinas de origen francés e inglés que fueron utilizadas para la elaboración del diario. Cuentan que el proceso era largo. Pero todo dependía de la destreza del operario, el mismo que junto a la máquina ‘Armario Chibalette’ ordenaba los moldes para los encabezados y titulares.

Esas piezas pequeñas que no han sido usadas desde hace siglos descansan gastadas tras un vidrio. Los moldes de plomo se conservan sin orden alguno, tal y como quedaban luego de un arduo día de trabajo. Lucen como si se hubiera paralizado el tiempo.

Una voz rompe el silencio. Como es de esperarse, cada máquina tiene un riesgo en particular. Para manipular la tipográfica ‘Tip Top’. que imprimía las hojas, era necesario concentración y velocidad. “Si algún operario se demoraba, podía aprisionar su mano”, recuerda el guía.

Un robusto ser de metal se roba la atención del público. Es la famosa ‘Rotativa’. No solo era respetada por su tamaño sino también porque su maniobrar era toda una batalla diaria para el operador.

Se debían limpiar los rodillos, verificar las bandejas de tinta, y al igual que un carro antiguo se debía mover la manivela una y otra vez para prender el motor. Todo esto para que las páginas de “El Peruano” salgan dobladas, cortadas, con textos e imágenes listos para ser distribuidas.

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Fotografía: Ximena Mejía

Entre portadas

“…Nada más natural ni más justo, al mismo tiempo, que acordarse de Bolívar…” Estas son las palabras de inicio de la primera página editorial, texto que se encuentra grabado en un vinil transparente para recordar cómo empezó la historia de “El Peruano” allá por 1825. Este se distribuía sin falta los días miércoles y sábados.

El diario oficial del Estado adquirió distintos nombres mientras el Perú iba cambiando de presidentes: “La Prensa Peruana” en el gobierno de José de la Mar, “El Conciliador” en el periodo de Agustín Gamarra y “El Redactor Peruano” en la época de Luis José de Orbegoso. Estas son portadas que se pueden apreciar, ya desgastadas, en una vitrina.

Los recuerdos de la guerra del Pacífico regresan a la mente de muchos luego de ver una primera plana de 1880. Las palabras parecen insuficientes para contar los sucesos de la batalla de Arica. “Unas máquinas fueron robadas en época de guerra, los chilenos se las llevaron como trofeos” – menciona el guía, mirando la portada del ‘Diario Oficial’, nombre que obtuvo “El Peruano” luego de que el ejército chileno suprima su publicación.

La fotografía llegaría al diario con los años. La primera imagen publicada fue el retrato, en forma ovalada, del presidente Sánchez Cerro. Las portadas como la captura de Abimael Guzmán (1992), la llegada al poder de Fernando Belaunde Terry (1980) e incluso la elección de nuestra compatriota María Julia Mantilla como Miss Universo (2004) resaltan como las más populares de la exhibición.

En 1950, este museo era exactamente el local donde el diario El Peruano se editaba e imprimía. A pesar de ello, el Museo Gráfico Peruano no es considerado patrimonio cultural.

Y mientras los visitantes caminan entre las antiguas máquinas, la historia del diario del Libertador continúa escribiéndose todos los días con cada ejemplar colgado en los kioskos limeños.

Fotografía: Ximena Mejía

Fotografía: Ximena Mejía

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