Lima es testigo de populares carteles y afiches que anuncian conciertos, fiestas y animaciones masivas donde reina las cajas de cerveza, la música chicha y tropical. La mano fosforescente detrás de esto es la de Feliciano Malqui ,un hombre de baja estatura del distrito de El Agustino, que ha forjado de la cultura chicha un negocio.  

Texto: Nicolle Miyauchi

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Fotografía: Diego Cuadros

A los doce años floreció esta curiosidad que hoy es su fuente de trabajo. Con sopletes de baygón  y cartulina comenzó a experimentar. La duda no quedó ahí, un amigo le enseñó a estampar polos con mallas y el vio que esta labor era parecida a la que él realizaba. El no quiso hacer polos, quiso agrandar el experimento y con esta técnica “estampar” sus afiches. Todo esto para él empezó como un juego. Tiempo después entró a trabajar en un taller donde realizaban tipografía. En medio de su “palomillada” dijo que él había hecho carteles en cantidad para que lo acepten. Era mentira, solo había hecho veinte y aquí le pedían de quinientos a más.

Su taller lúgubre contrasta con sus botes de pinturas multicolores y carteles en pleno proceso de pintado. Esta especie de guarida es el lugar donde Feliciano Mallqui realiza su arte. Arte que al principio fue discriminado y que hoy es motivo de orgullo para él y sus colegas. Su trabajo se ha vuelto tan famoso y su nombre ha tomado tal valor que hoy en día recibe pedidos de Israel y Estados Unidos. Peruanos residentes en el extranjero han visto su trabajo y le piden que realice decoraciones para restaurantes o locales con motivos peruanos. Entre ellos sus afiches con frases como: “Habla causa”, “Hola barrio”, “Chola pendenciera, Te fregaste”. Por otro lado, se encuentran los promotores de conciertos, que lo llaman para hacer negocios. Ha hecho pedidos incluso para campañas políticas y también la fundación Manuela Ramos

Para él es impactante que “la gente culta”, “la clase A”, como él la define, requiera de su servicio en matrimonios y cumpleaños. Con el propósito de la Hora loca chicha le piden gorros con frases, fotos y lentes que él diseña, también con sus modelos originales.  Mallqui cuenta que su trabajo se hizo conocido por la popular “Sarita Iluminada”, considerado el primer afiche chicha para este grupo social. Fue un trabajo que realizó para los artistas Gustavo Buntinx y Susana Torres en el año 1990.  La empresa  Telefónica  lo contrató para que cree imágenes que se mostrarían en el concierto de La Sinfónica Pop. De esta manera su trabajo comenzó a ganar renombre.

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Fotografía: Diego Cuadros

Feliciano dice que la cultura chicha es el sentir del pueblo y es algo que representa a todos los provincianos. Esto se ve representado en la popularidad que este tipo afiches ha logrado. “Ellos han traído su cultura, sus costumbres, era obvio que este tipo de trabajo iba a hacerse popular, por la misma población donde venía, la cultura andina ha absorbido a la cultura criolla”. Reconoce que al principio sus afiches solo eran para conciertos chicheros, sin embargo por prejuicio la gente rechazaba esto. Como anécdota cuenta que un promotor de salsa le dijo que no quería publicitar sus conciertos con este tipo de carteles a lo que él respondió: “Te acordarás de mí, en unos años vas a ver que esto va a surgir”. Tuvo razón.

Es un hombre multifacético, tiene una escuela de fútbol hace cuarenta años y conoce a sus alumnos casi la misma cantidad de tiempo, con los que ha forjado amistad y respeto. A la par, participa como cantante en diversas orquestas de música tropical.

Cuando le preguntan a Feliciano en qué trabaja, el responde que él no tiene tiempo para trabajar. Para él esta rutina de hablar con clientes, enseñarle sus diseños por internet, cerrar contratos y hacer afiches. es un hobbie. Lo que hace le gusta y se ha vuelto rentable.

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