Un movimiento ha invadido el Parque Mariscal Ramón Castilla en Lince. Aquí, el K-pop está de moda desde hace diez años. Lo que empezó con una novela hoy reúne a cientos de fans que solo tratan de imitar a sus artistas favoritos.

Texto: Cecilia Crispin

Fotografía: Angie Alarcón

Fotografía: Angie Alarcón

 Hay una gordita de ojos bien maquillados gritando en medio del parque. En sus manos tiene un pliego de cartulina blanca que eleva desesperadamente, lo hace tan rápido que no se puede decifrar lo que está escrito. ¡Casting!, ¡Casting!, ¡Casting!, empieza a gritar eufóricamente mientras sus brazos reducen la velocidad con la que se elevaban. ¡Casting!, ¡Casting!, ¡Casting!, sigue gritando, y ahora da vueltas buscando con la mirada a algún participante. Sin embargo, por más que grita, salta y gira, hasta el momento no hay ningún interesado. Ella sigue avanzando, un fuerte viento eleva la camisa leñadora amarrada a su cintura, entonces, tiene que elegir entre el cartel o su ropa. Con cartel en mano y camisa al aire se pierde entre la gente, mientras el eco de su voz retumba a lo lejos.

Pero, ¿Por qué está curiosa muchacha realiza un casting?. Es que el Parque Mariscal Ramón Castilla en Lince se convierte en una ” academia de baile” todos los fines de semana. Sin querer, se han creado horarios y turnos. Por la tarde están los “cachimbos”, bailarines entre 13 a 20 años que recién se están iniciando y al anochecer entran los “cancheros”, los experimentados, los que empezaron con este movimiento hace una década.

Existe una particularidad, está “academia” sólo se especializa en un género. Una mezcla de son, actuación y acrobacias llamado k-pop. Son alrededor de 200 fans, con cubierta de bailarines, quienes se dividen en grupos de amigos por las 10 hectáreas del parque para entrar en un bailoteo único que no es más que covers de las coreografías de sus artistas preferidos allá en la otra mitad del mundo.

El conflicto

 Las 3:30 de la tarde y el sol ha dado tregua. Desde las distintas entradas al parque llegan las agrupaciones, y entre ellas empieza una atípica rencilla.

Aquí, la pelea no es por quien es mejor. El real conflicto, consiste en quien consigue el mejor “salón de baile”.

Como depredadores que encontraron a su presa, los líderes de cada grupo fijan su mirada en el lugar más codiciado de todo el parque: el Salón de Matrimonios Civiles, cuyos espejos ayudan a divisar cualquier error. “Ya esta lleno”, dice una delgada joven señalando a cinco chicas que ya empezaron a bailar. Entonces, las aceras del parque se convierten en premio consuelo.

Que empiece el show

Se hacen las cuatro de la tarde y el parque está repleto. El sol se ha ido. Los parlantes ya están funcionando y a sus lados descansa el botellón de agua mineral que se compró gracias a la “cancha”.

La música se complementa con el baile y las risas. Hay un festín de zapatillas, brazos y despeinados cabellos que se mueven con ritmo.

Todo está tranquilo, cuando un grito desconcierta a muchos: ” ¡No me sirven! “, vocifera un joven desesperado con las manos entre la cabeza, como si quisiera arrancarse el cabello. Sus compañeros no parecen ofendidos, al contrario, ríen a carcajadas, haciendo que los demás regresen a sus actividades. No hay de que preocuparse.

Ese chico desesperado y con cabellera larga es Angel, el único punto rojo entre tantos puntos negros. Se junto con unos amigos y hoy es su primer día en el parque. “Ojalá duremos”, dice mientras la música empieza a sonar y los demás toman sus puestos.

A su lado, una adolescente baila sola. Se guía de un celular que mantiene en el oído derecho. La gordita del casting pasa al frente suyo, pero ella parece no escucharla. Está tan concentrada en su “coreo” que acaba de perder la oportunidad de pertenecer a un grupo. El cartel y los gritos ya se han ido.

¡Casting!, ¡Casting, ¡Casting!, se escucha de nuevo en la otra esquina, realmente es rápida y su voz ya se hizo conocida por estos lares. Se ha detenido al lado de las “4M”, quienes están a media coreografía. De entre todas, sobresale una delgada y no tan alta joven de test blanca con facciones de morena, llamada María de los Ángeles. Quien hace un año cambio el hip hop por el k-pop, y junto a un amigo creó su agrupación. Sonríe y se “achina” mientras mueve sus rizos, confesando su gran amor por Ji Yong, su artista favorito. A unos pasos, sus amigas se rien viendo el vídeo de su presentación en un concurso pasado.

Así transcurre la tarde en el parque, con cientos de jóvenes disfrutando e imaginando que por un momento se convierten en sus idolos. Todos contagiados con la fiebre del k-pop.

 Cambio de turno

Las 8:30 de la noche y el turno tarde pasa a retirarse dejándole la posta a los más grandes.

En una esquina, exactamente en el coliseo más alejado del parque, se ha formado una larga cola. Al medio, una señora reparte pedidos traídos exclusivamente desde corea. En la fila no sólo hay bailarines, también encuentras: enfermeras, mujeres con ropa formal, … y ¡Sí!, también está la gordita del cartel, pero ahora ya no grita.

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