Todo tiene su razón de ser, y las canciones criollas no hacen caso omiso a esta regla.  Con sus cajones, guitarras y sus imponentes voces dejan costumbres y vivencias en versos que invaden el alma. Por ello, te traemos las historias detrás de estos éxitos criollos.

Texto: Cecilia Crispín

musica-criolla  1. Contigo Perú

Era 1978 cuando el general Augusto Vinatea, enviado por el gobierno, buscó a su tocayo: Augusto Polo Campos para encomendarle una misión, “Necesitamos una canción que inspire a la selección”, pidió Vinatea, alegando que tuviera el mismo sentimiento de “Y se llama Perú” y dándole un plazo de 15 días para crearla.

Las 11:30 de la mañana y el genio Polo Campos dejaba a su amigo en una reunión con pescadores para dirigirse a un café frente a palacio. Allí,  pidió una factura para tener en donde escribir. Catorce minutos después, las letras de “Contigo Perú” ya estaban impregnadas en aquel simple papel. El compositor corrió de regreso a la oficina de Vinatea e irrumpió en plena reunión con factura en mano frente a un general que no entendía lo que pasaba.  ” No puede ser, si acabas de bajar”, exclamó incrédulo Augusto Vinatea cuando comprendió la situación, “Tú me diste 15 días para hacer la canción y yo la he hecho en 15 minutos”, respondió Polo Campos, quien cantó la obra frente a los presentes arrancándoles lágrimas y aplausos.

Es así que “Contigo Perú” se cantó oficialmente en el Estadio Nacional de Chile el día del encuentro entre la selección y el país del sur por las clasificaciones a Argentina 78.

  1.    José Antonio

Don José Antonio Lavalle y García era un barranquino de antaño que desde su juventud vivía preocupado por la pérdida de las tradiciones y costumbres limeñas, en especial por la del caballo peruano de paso. Este amante y preservador de los equinos era gran amigo de Eduardo Granda y su hija María Isabel, más conocida como Chabuca Granda.

José Antonio tenía un potro llamado “Pancho Fierro” que lo acompañaba en las largas caminatas por su hacienda y del cuál descendieron todos los caballos ambladores de ahora. Muere el 17 de mayo de 1957.

“El señor se me murió”, decía Chabuca al contar que el famoso Chalán no pudo escuchar el vals que le compuso en memoria de la gran pasión que lo acompañó toda su vida. Por esta razón, precisamente la fuga del vals dice:

“José Antonio, José Antonio, porque me dejaste aquí”.

  1.      Alma, corazón y vida

El compositor Adrián Flores Alban tenía 22 años cuando servía para el ejercito del Perú en la frontera con Ecuador. “Alma, corazón y vida” relata el fracasado amor entre Adrián y Eva, una jovencita del pueblo de Cruz Blanca, de quien se enamoró perdidamente, pero debido a las clases sociales su amor no perduró.

La tarde del año 48 era la primera que el compositor tenía libre. A modo de celebración se puso a beber con unos compañeros en una bodega del lugar, más tarde se dirigieron a la fiesta por el aniversario de Cruz Blanca. Adrián no recuerda como regresó al centro de campaña del ejercito, el terrible dolor de cabeza no lo dejaba. Mientras, afuera una hermosa señorita lo esperaba, él no la reconocía, pero ella parecía conocerlo muy bien desde la noche anterior:

“Recuerdo aquella vez que yo te conocí, recuerdo aquella tarde pero no recuerdo ni cuando te vi…”.

Aquel día comenzó su amorío. Lastimosamente, Adrián no era el único que cortejaba a Eva, un hombre adinerado también lo hacía. Finalmente, Eva decidió por este último, lo único que le podía ofrecer Adrián Flores, para ella no valía:

Porque no tengo fortuna, esas tres cosas te ofrezco alma, corazón y vida.. y nada más…”

 

  1.      Toromata

Toromata es el tema compuesto por el moreno Caitro Soto, cuenta parte de la costumbre africana traída en la época de la conquista. La letra esta basada en relatos de sus ancestros. Su abuela siempre le contaba sobre el toro “rumbambero”,  aquel bovino brilloso y bailarín, que con su agresividad marcaba el éxito de la jornada taurina.

“La color no le permite, hacer el quite a Pititi ay! toro mata

Toro viejo se murió, mañana comemos carne ay! toro mata”

Según cuenta Caitro Soto, “hacer el quite” significa quitarle la suerte al toro, pero como el torero era moreno, no daban merito a que lo pueda lograr. Por esta razón, decían que el toro moría de viejo y no en jornada.

Cierta vez le contaron a Soto sobre el moreno de la hacienda Acarí (Nazca), quien no se había enterado de la libertad y escondido entre las cañas de azúcar había venido hasta la hacienda “El Chical” (Cañete), donde se llevaba a cabo la corrida.

Siempre, luego del espectáculo taurino, todos se iban al Lapondé, una especie de  tambo dentro de la hacienda donde había baile, comida y tragos. El hambriento moreno de Acarí llegó a parar a este lugar, por la marca de su cuerpo los demás se dieron cuenta de que él no era de allí y lo enfrentaron, inclusive lo querían matar, señala Soto y lo impregna en una de las estrofas;

“Ay Laponde ponde ponde…ese negro no es de aquí, ese negro es de Acarí . Hay que matar a ese negro.”.

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