El pescado fresco, el limón en su punto. ¿Hay combinación más deliciosa que esa?

Texto: Sharon Neyra

Fotografía: Juan Mandamiento

Fotografía: Juan Mandamiento

En Fiestas Patrias sus clientes se triplican. Eso la agota pero la hace feliz. Está acostumbrada a recibir felicitaciones como un chef de prestigio. Un esfuerzo que se ganó con los años, ya que al comienzo no podía ni agarrar un cuchillo. A ella le daba miedo y los “caseros” no querían que los atienda.

Ahora tiene su propia gente. Cuando María prepara ceviche, lo hace con sus mejores ingredientes. Para ella “el ceviche es el Perú” y ha mantenido su sabor estos 20 años de negocio. Se atreve, sin reparos, a comparar su pequeño local con los restaurantes de lujo. “Muchas que vienen se quejan por el precio en otros lugares. Nuestra calidad es la misma. Lo poquito que podamos ofrecer, los servimos bien y limpio”, enfatiza entusiasmada.

Cuestión de dos

Son las 8:30 y el puesto 150 del mercado San Pedro se alista para recibir a su primer cliente. Es invierno pero la demanda no disminuye. Al día venden 70 almuerzos; los fines de semana, el doble. Tienen paladares fieles, a los que la palabra ceviche les suena como himno nacional, como una señora de Monterrico que viaja hasta Bellavista por la sazón de María.

Pero el secreto viene del amor. Y de la paciencia de su esposo.

Él se llama Lázaro pero lo conocen como “el ángel”, ya que tiene una amplia sonrisa que ilumina como el sol. El negocio lo empezó él en 1997. Había perdido su empleo por el contexto político. Como peruano terco que se respeta, busco la forma de ganarse la vida. Empezó vendiendo papel higiénico en la calle y luego se transformó en ambulante de carretilla, ofreciendo ceviche de pota.

Duró en el negocio de las calles como  7 años.  María lo conoció y su ceviche la conquistó. “Estaba rico”, dice con una sonrisa.

Ambos son entusiastas de la gastronomía; y aunque su negocio no tenga estrellas Michelin, María y Lázaro están convencidos que, donde reina el ceviche, brilla el nombre del Perú.

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