¿Qué le parece ver teatro en tan solo quince minutos? ¿Tener seis obras en un solo lugar?  

¿Le gusta? Microteatro trae todo esto en una antigua casona de Barranco.

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Fotografía: Vanessa Cruzado

El microteatro está en Lima. Pero su concepción nos lleva a España. La idea surgió en el 2009 cuando 50 artistas entre directores, escritores y actores habilitaron una zona en el centro de Madrid, en donde se transformó un burdel abandonado en teatro y los dormitorios en salas de 10 m2. Eso fue suficiente para crear.

El actor español y director Jordi Vilalta decidió traer la idea a Lima. Así adquirió la licencia oficial junto al productor peruano Rafo Iparraguirre, quien también es fotógrafo y publicista. Juntos empiezan con esta aventura teatral desde el 5 de agosto.

Todas las obras tienen la misma temática. En la temporada pasada se preguntaban ¿de qué es capaz la gente de hacer o dejar de hacer por dinero? Esta pregunta puede definir de una manera clara y sencilla las seis propuestas que muestran.

Puedes disfrutar de una sola obra, de dos o cuantas quieras, uno elige, una especie de “Teatro a la carta”, como lo describe el director, quien iniciará una segunda temporada en un corto tiempo asegurando el éxito de la primera.

Nuevo formato

El patio trasero de una casona, ubicada en la avenida San Martín 140 en Barranco, es también un jardín convertido en una pequeña sala de espera. Hay ramas artificiales por las paredes, enrolladas con luces doradas navideñas.

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Fotografía: Vanessa Cruzado

A cada acto se puede ingresar con trago, pizza o bebida en mano. Consumir dentro de la sala es algo que está prohibido en todos los teatros de Lima, pero en este no. Aquí se busca la cercanía con los actores, el poder ser parte de la obra, la comodidad con los amigos y sentirse en un ambiente cálido para disfrutar esos quince minutos que llevan al público por distintas sensaciones. Desde la ansiedad, porque empiece la obra hasta la satisfacción, pasar de las risas al silencio incómodo o del relajo a la tensión, así como del silencio a los aplausos.

Una extraña escena

Función: “Night Club Bilderberg”, ocho y treinta de la noche. El ingreso es a la sala número cinco, donde espera un joven alto, fornido, con voz grave e intimidante. Este entrega un antifaz a cada espectador. Hay quince butacas alrededor del cuarto, que es iluminado por luz roja y luces psicodélicas.  Aquí se traslada al público a una lujosa fiesta. Empieza la música, empieza la fiesta.

Dos jóvenes pertenecen a una secta de hombres poderosos que deciden el futuro de la humanidad. Mientras esperan a un tercero, aparece una mujer haciéndose pasar por una de ellos. Lo que la fémina no sabe es que todo lo que pasa en el Club Bilderberg está escrito. La escena está llena de acción, insultos y acoso sexual, llenando el ambiente de tensión.

Mientras Ana, la protagonista, lee lo que pasará va conociendo su final, su destino es terminar violada una, otra y otra vez por estos dos jóvenes. Tirada en el piso rompiendo en llanto no intenta hacer nada porque lo que está escrito se cumple, los jóvenes se aproximan a ella. La fiesta termina.

Texto: Carla Huari

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