Mientras las cadenas de cines florecen, los cines de barrio desaparecen con el tiempo. El olvido es el guion aquí. 

Texto: Giovanna Lamaure

En el centro de Lima, en los distritos aledaños, en las viejas avenidas que cruzan el centro con Miraflores y el Callao, las antiguas salas se convierten en grandes prostíbulos o – contradictoriamente – en iglesias.

El olor de la calle 

La avenida Alfonso Ugarte luce con pocos autos. No es hora punta. Está desolada, pero de pronto un hombre de contextura gruesa, vestido deportivamente camina apurado y se detiene frente a una antigua edificación. Entra sin preguntar. Al poco rato, un hombre de 70 años se dirige al mismo lugar, pero más solapadamente. Hace como si estuviese perdido. Camina unos pasos hacia adelante, luego retrocede, mira hacia arriba, baja la cabeza. Entra sin vergüenza alguna, a pesar de que una señora lo mira. Pasado unos minutos, un treintón ingresa seriamente sin mirar atrás. Vestido con pantalón sastre y una camisa simple, no tiene reparos en pagar S/8 por una función de cine continuada. Esta escena se repite diariamente desde las 10 a.m. hasta las 11 p.m.

Volar alto

Foto: Cesar Saravia Cairo

Foto: Cesar Saravia Cairo

El antiguo cine Ritz, ubicado en la avenida Alfonso Ugarte, era un lugar donde proyectaban películas de Hollywood, algunas de terror. Hoy en día es el espacio ideal para la prostitución homosexual. Hay olor denso, que cruza orina,  cigarros y alcohol invaden el lugar. Nadie está a salvo de los servicios que ofrecen. El cine es invadido por pasivos, activos, trans y heterosexuales.

La inmundicia está en todos lados. Preservativos usados y tirados en lo que alguna vez fue una de las mejores butacas de la época. Ratas paseándose como si fuese un basural. Cucarachas volando a lo largo y ancho de la sala con capacidad para 750 personas. Ningún parroquiano se queja del nauseabundo olor y menos del lugar. Aquí todo se pudre.

Hombres con ternos elegantes encuentran el clímax en la parte central de las butacas, ya sean solos o acompañados. No hay vergüenza de nada.

Los trabajadores sexuales ofrecen sus servicios a bajo precio. Sus vestimentas son llamativas de colores psicodélicos. Usan pelucas largas, en algunos casos son cabellos naturales. Polos ajustados y escotados y jean apretado, hace que resalten su figura.

Ni una más  

Ninguna mujer entra al lugar, al parecer está prohibido. La única se encuentra en la boletería, pero es anciana. Su aspecto es amargado, luce arrugas en toda su cara. No se maquilla.

La entrada permite presenciar películas continuadas, es decir filmes que cuando se termina una, comienza otra hasta las 11 p.m. hora en la que el local cierra.

El cine Le Paris, en la avenida Colmena y el Omnia, en la avenida Abancay,  tienen dos salas de proyección. Ambos también son porno. Los limeños se pasan de una sala a otra pagando el mismo precio. Mientras estos “fieles” van al Ritz, hay otros que van a una misa cristiana.

Foto: Cesar Saravia Cairo

Foto: Cesar Saravia Cairo

Agua Vida

A las 6:30 p.m., se acercan dos mujeres con faldas hasta debajo de la rodilla, blusas claras y sacos negros. Al parecer no son testigos de Jehová. Entran a la esquina de la avenida Arequipa con Javier Prado. La bulla de los cláxones contrasta con la paz que emana esta iglesia llamada Misión Familiar Internacional “Agua Viva”.

Jóvenes y adultos se acercan calmadamente, conversan sin acelerar el paso. En una pared de lo que fue el antiguo cine Orrantia. Anuncia en sus carteles, la presentación de cuatro expositores internacionales que hablarán de la familia.

Poco a poco más personas ingresan al local. Se llena. Afuera, aún hay quienes  hablan y no se animan a pasar.

Los transeúntes caminan sin dejar de ver el nombre de la iglesia. Quizás algunos jóvenes no sepan que el ex cine Orrantia fue un imponente espacio en los sesenta. Fue uno de los más multitudinarios ya que tenía una sola sala, donde probablemente padres y abuelos vieron grandes éxitos del séptimo arte.

 

 

 

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