Cuando la popularidad que tuvieron en los 80 se mantiene gracias a fieles jugadores de fin de semana. Los arcades en Lima se resisten a morir.

Texto: Ester Palomino

Fuente: http://boxheadgames24.com

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Polvos Azules

Todos los fines de semana, en este sótano comienza una pelea cada 5 minutos.

Dos jóvenes se encuentran de pie, uno muy cerca del otro. Ambos esperan la señal para comenzar el duelo. Ninguno de los dos dice una palabra. Detrás de ellos, algunos curiosos miran con desgano. Un hombre con chaleco de seguridad camina por el pasillo con los brazos cruzados.

Empiezan. El muchacho más joven, enfundado con el polo de una conocida hamburguesería, le da el primer golpe a Mario: una patada que lo hace volar por los aires. Este contesta con otro derechazo rápido mientras el guardia saca el celular para revisar si tiene mensajes.  Al lado, un hombre frente al mostrador sigue leyendo el periódico. Uno de los espectadores comenta: “este es rápido con los dedos, pero a Mario no lo han sacado de la máquina desde hace media hora”

La pobre iluminación de los fluorescentes blancos en el sótano de Polvos Azules cubre los negocios del pasaje más próximo a la puerta 2. Escuchando golpes que no duelen, los transeúntes se acostumbraron a los combates virtuales a los que se acceden con 0.20 céntimos el turno. No son videojuegos comunes. Son máquinas de arcade en las que se juega dinero y honor.

“Lo divertido está en retarte con gente que no conoces”, comenta Adrián que está haciendo fila al lado. “Estas máquinas tienen Street Fighter, Tekken, juegos que también están en PC. Pero es diferente venir a pelear por orgullo”.

La mecánica es sencilla. Si encuentras a alguien jugando, puedes poner 0.20 céntimos en la ranura para iniciar el modo competencia. Eso te da de tres a cinco rounds para ganar, según esté configurado el juego. Si vences a tu oponente, pasas de retador a quedarte en la máquina. Y si alguien quiere sacarte… debe probar que es mejor que tú

 

Miraflores

Axel entró a trabajar hace siete meses a Nori Play y suele sentirse como niño en juguetería. Está a cargo de una docena de máquinas; entre las de ‘pump’, esas que te hacen bajar de peso con tanto baile, y el resto de arcades.

Este local es el refugio de estudiantes y gente curiosa que se acerca luego de dar una vuelta por el parque Kennedy. Entrando por la calle Lima a pocos metros de Ripley uno puede escuchar el sonido que identifica un centro de entretenimiento.

De vez en cuando, alguien levanta la cabeza de la pantalla buscando a Axel para ‘sencillar’. Axel abre su canguro. “Las máquinas de aquí se juegan con dinero”, explica señalando toda una fila de arcades; “otras sí se juegan con fichas”, comenta saludando a una pareja que se despide. Axel tiene su propio catálogo de jugadores. Uno que pisó Nori Play fue el campeón de Tekken: ‘Sapito’.

“Él es de Villa el Salvador. Como jugador es versátil. Sabe innovar es sus técnicas”, comenta con los brazos cruzados sobre la camisa amarilla de mangas verdes que debe vestir como uniforme. Para ser como ‘Sapito’ es importante leer al oponente y adivinar sus técnicas de juego. “Muchas veces la primera ronda la gana el retador porque agarra desprevenido al que está jugando, pero si el otro es rápido puede detectar cual es el estilo y ganarle el resto de rondas”.

 

El Pac-Man más famoso de Lima

Salas de juego pueden encontrarse en diferentes distritos y barrios de la ciudad: San Juan de Miraflores, San Juan de Lurigancho, Salamanca, el centro de Lima. Pero solo un local en Lince tiene el arcade más famoso del Perú.

Bajo luces de colores en Buggys Games, la potente música de vocaloids se mezcla con el insistente ataque de los dedos a los botones de los juegos. En la pared, un cuadro muestra a Carlos Alcántara y Emilia Drago riendo. Detrás de ellos, un par de máquinas con forma de Pac-Man. Una de ellas está habilitada para jugar en el quinto piso del C.C. Arenales.

“Mi hermano Rusbehel es quien diseñó este modelo. La producción de la película vino y nos pidió varias de nuestras máquinas, pero esta es la que la gente reconoce”, señala Liliana orgullosa mientras muestra el arcade que vieron un millón de peruanos. El cameo en una película solo se suma al pedido especial de ese modelo que llevaron al backstage de la boy band One Direction cuando visitaron el país. Como recuerdo, cada uno de ellos dejó su firma. Pero ese “Retro Arcade 2014” no está en este local.

Liliana se sienta a ver la tienda detrás de un mostrador. Los fines de semana la sala está llena. No tiene que envidiarle nada a las cabinas de Dota del primer piso. Aún hay grupos que vienen a jugar de pie, agitando bruscamente los mandos, metiendo una moneda, maldiciendo con cada ronda perdida. Porque mientras haya fans, el arcade sobrevivirá al tiempo.

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